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En Los Episodios Nacionales, Benito Perez Galdós narra la Guerra de la Independencia Española, que culminó con la expulsión de los franceses del territorio español. Y es en el capítulo dedicado al levantamiento popular del 2 de Mayo de 1808, donde aparece la figura de un tabernero, el tío Malayerba.

Ese es el germen del nombre Malayerba: un homenaje a la historia de la Plaza Dos de Mayo, corazón del barrio de Malasaña y donde se ubica la barbería, y un guiño al pelo que crece deprisa como la mala hierba y que hay que cortar.

Malayerba se escribe con “y”, como se escribía antaño, en tiempos de Galdós, cuando tener maestría y buenas maneras era un motivo de orgullo. Malayerba retoma la tradición de las antiguas barberías de los años 50, donde los hombres no solo iban a cortarse el pelo y afeitarse, sino también a debatir sobre lo divino y lo humano.

El barbero era la figura central de estos puntos de encuentro, un caballero, un confidente, un orador y sobre todo, un profesional cuidadoso que sabía tratar el pelo como debe ser: con oficio y esmero. Aquí recreamos este espacio masculino a la vieja usanza, y combinamos los cortes y rituales de afeitado clásicos con las técnicas, cortes y productos actuales.

De la mano de Olivia Soaps, Malayerba ha desarrollado una línea propia de productos artesanales para el cuidado del cabello y de la barba con materias primas de origen 100% ecológico. Los primeros en comercializarse han sido la Cera para Bigote y Barba Monteleón, y el  Elixir para Barba Daoíz. Pronto estarán también disponibles jabones para el cuerpo, champús para cabello y barba, así como jabones y cremas de afeitar.

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ROBERTO MARTÍN

Barbero y encargado

Un barbero nace barbero, pero la experiencia también cuenta. Roberto fue el barbero oficial del Ejército donde desarrolló rapidez cortando el pelo a los soldados y técnica cortando al capitán. Al terminar el servicio militar, conoció el verdadero oficio trabajando en la barbería más antigua de su pueblo y, cuando ésta cerró, él abrió su propio negocio. Después de 7 años, completó su formación pasando por cursos de especialización y por renombradas barberías y peluquerías madrileñas.

Javier Ramirez

Barbero

Javier aprendió el arte del afeitado de la mano de su abuela Salvadora, que cada día afeitaba con mimo y esmero a su marido. En el corte empezó de manera autodidacta, para después seguir aprendiendo en una academia.

Mas tarde trabajó en varias barberías old school de Madrid, como San Bernardo o La Moderna, donde perfeccionó las técnicas del corte clásico.

Alberto Morejón Mariscal

Barbero

Alberto es uno de esos barberos que nacieron con la vocación debajo del brazo. A los 15 años ya cortaba el pelo a sus amigos, a escondidas de sus padres. Dos años después, con solo 17 y ahora sí con el beneplácito paterno, ya se estaba formando en la profesión. Poco tiempo después, se había ganado la confianza de todo su entorno. Y es que cuando se ama el oficio, y desde pequeño lo tienes tan claro, los resultados solo pueden ser buenos.

Jorge Seoane

Barbero

Dicen que un buen barbero debe dominar también el arte de conversar. Y precisamente así, hablando día tras día con su barbero, fue como Jorge descubrió su auténtica vocación, cuando aún era muy joven. Desde entonces ha pasado por diversas barberías donde ha aprendido técnica y ha perfeccionado el oficio. Y, por supuesto, siempre está dispuesto a mantener una conversación interesante.


Daniel Mayoral

Barbero

La barbería es un oficio que, si no te viene de familia, provoca primero curiosidad (y casi siempre después pasión). Daniel la curiosidad la mitigó desde un garaje, con solo 15 años, poniendo en práctica sus inquietudes con la tijera teniendo a sus amigos como clientes. De su pueblo natal saltó a Madrid, para seguir formándose -y apasionándose-, completando su formación en diferentes escuelas de barberos, como la Academia Cebado. Además de por ser un excelente profesional, es fácil reconocerle por otra de sus pasiones: los bigotes singulares.

Miguel Antonio Noya

Recepcionista

Miguel, nuestro recepcionista, recibe a los clientes con un único objetivo: hacer que su experiencia en Malayerba sea excepcional, desde que entran por la puerta hasta la próxima cita. Su consigna es tratarles siempre como a él le gusta ser tratado. Su elegancia y su amplia sonrisa van siempre por delante.